
Es un momento oportuno para rescatar este disco de 1998. Decimos "rescatar" porque no es muy conocido; no entra en la categoría de lo "popular". Y el momento es oportuno, porque la colaboración entre Paul McCartney y Martin "Youth" Glover cobró en los últimos meses gran notoriedad. En cambio cuando Rushes vio la luz, esa colaboración, aunque ya no era secreta, no se promocionaba. Ni McCartney ni Youth se hacían cargo del disco.
Lo bueno de The Fireman es su impredecibilidad. Si bien siempre cabe esperar el elemento electrónico, éste aparece cada vez de un modo diferente y, sobre todo, con diferentes intenciones. El primer disco había sido un muestrario de mixes del mismo tema dance. Un producto para discotecas. El tercero, recientemente publicado, es una colección de canciones espontáneas trabajadas en su enorme mayoría desde la electrónica. El segundo, que aquí nos ocupa, es o parece ser en primera escucha un producto para la "relajación". Atmósferas envolventes, abstractas y pacíficas, música de fondo, música ambiental, música-mueble. Sin embargo, creemos que es algo más. Mucho más.
Para empezar, es un trabajo intrincadísimo. La atención puesta en el detalle, en la superposición de capas sonoras, la recolección de fragmentos, la riqueza de color instrumental, la sabiduría en la dosificación de la repetición hipnótica y, para decirlo en una palabra, la musicalidad, elevan al disco y al oyente. Podría afirmarse -nosotros lo hacemos- que este es uno de los mejores trabajos en los que ha participado McCartney desde la separación del famoso cuarteto portuario.
El carácter de trabajo ocasional, no "oficial", parece ser una liberación para el talento del músico británico.
Creemos que aquí es donde brilla más -sin dejar de lado, por supuesto, el fundamental aporte de Youth, un productor muy inspirado-. De todos modos, el resto de la obra del bombero es igualmente recomendable y de alta calidad.
Rushes, en particular, por su enorme amplitud y su misterio hace recordar al universo. Y si la hipérbole no convence, digamos que se puede escuchar muchas más veces que un disco de canciones, porque es dificil de aprender y de aprehender. Nosotros, que lo escuchamos desde hace cuatro años y que tenemos buen oído, sólo hemos identificado y memorizado tres o cuatro líneas melódicas. Es un mundo frondoso en el que vale la pena internarse.
Watercolour guitars






