30.10.09

BETWEEN THE BUTTONS - The Rolling Stones


Hay un motivo para que este disco de 1967 no sea recordado como un clásico: los temas carecen de los "ganchos" inmediatos de los Rolling Stones. Y hay otro motivo: aquí los Rolling Stones parecen delicados.

Pero es un lindo disco. Vale la pena seguir de cerca el espíritu más bien experimentador (si bien nunca realmente novedoso: lo que parece novedoso es un reflejo de experimentos ajenos, de los Kinks en lo musical, de Bob Dylan en lo letrístico) y vale la pena disfrutar de la mezcla del experimento con cierta potencia no del todo perdida de R&B. En cierto modo, este es un lugar adecuado para ubicar el paso del rock´n´roll al rock.
Y por supuesto, como en casi todo disco de la época, abunda la frescura y cierto grado de entusiasmo liberador. Uno desearía -al menos nosotros lo desearíamos- que los Rolling Stones no hubieran abandonado totalmente esta posibilidad que aquí plasmaron. Pero los tiempos siempre cambian, la gente siempre envejece... en fin: tampoco nosotros decimos novedades.


All sold out

1.1.09

RUSHES - The Fireman


Es un momento oportuno para rescatar este disco de 1998. Decimos "rescatar" porque no es muy conocido; no entra en la categoría de lo "popular". Y el momento es oportuno, porque la colaboración entre Paul McCartney y Martin "Youth" Glover cobró en los últimos meses gran notoriedad. En cambio cuando Rushes vio la luz, esa colaboración, aunque ya no era secreta, no se promocionaba. Ni McCartney ni Youth se hacían cargo del disco.
Lo bueno de The Fireman es su impredecibilidad. Si bien siempre cabe esperar el elemento electrónico, éste aparece cada vez de un modo diferente y, sobre todo, con diferentes intenciones. El primer disco había sido un muestrario de mixes del mismo tema dance. Un producto para discotecas. El tercero, recientemente publicado, es una colección de canciones espontáneas trabajadas en su enorme mayoría desde la electrónica. El segundo, que aquí nos ocupa, es o parece ser en primera escucha un producto para la "relajación". Atmósferas envolventes, abstractas y pacíficas, música de fondo, música ambiental, música-mueble. Sin embargo, creemos que es algo más. Mucho más.
Para empezar, es un trabajo intrincadísimo. La atención puesta en el detalle, en la superposición de capas sonoras, la recolección de fragmentos, la riqueza de color instrumental, la sabiduría en la dosificación de la repetición hipnótica y, para decirlo en una palabra, la musicalidad, elevan al disco y al oyente. Podría afirmarse -nosotros lo hacemos- que este es uno de los mejores trabajos en los que ha participado McCartney desde la separación del famoso cuarteto portuario.
El carácter de trabajo ocasional, no "oficial", parece ser una liberación para el talento del músico británico.
Creemos que aquí es donde brilla más -sin dejar de lado, por supuesto, el fundamental aporte de Youth, un productor muy inspirado-. De todos modos, el resto de la obra del bombero es igualmente recomendable y de alta calidad.
Rushes, en particular, por su enorme amplitud y su misterio hace recordar al universo. Y si la hipérbole no convence, digamos que se puede escuchar muchas más veces que un disco de canciones, porque es dificil de aprender y de aprehender. Nosotros, que lo escuchamos desde hace cuatro años y que tenemos buen oído, sólo hemos identificado y memorizado tres o cuatro líneas melódicas. Es un mundo frondoso en el que vale la pena internarse.


Watercolour guitars

2.9.08

BRUTAL PLANET - Alice Cooper



Durante décadas -y quizás desde el principio, cuando eran una banda y no un solista y sacaban discos psicodèlicos y ligeramente zappianos- Alice Cooper se dedicó a tomar lo que sonaba en el entorno y, en el mejor de los casos, darle un giro distinto. Esto no es un reproche ni una desestimación, ya que, casi siempre, lo hizo/lo hicieron bien, y no cabe duda de que tanto la banda como el solista tuvo/tuvieron, al menos a partir del tercer disco, una personalidad propia. Por no hablar de los aportes teatrales, cuya idea no les pertenece pero que desarrollaron/desarrolló de una manera inesperada y a unos extremos espectaculares que no se conocían en el mundo del rock. Asimismo, encarnó/encarnaron la imagen de perversidad asustadora de padres que mucho más tarde encarnó -pero peor- Marilyn Manson. Por último, la música casi siempre fue de buena calidad, aunque aquí llegamos al punto que nos interesa.
La banda siempre hizo música digna y en ocasiones excelente. El solista, sólo en contados momentos, a pesar de su evidente profesionalismo y frecuente entusiasmo. No se pueden desechar discos solistas como Dada y The last temptation, pero en general se acentuó la adhesión al sonido imperante en cada época y no siempre con resultados atendibles. El éxito comercial tan ansiado por la persona que se hace llamar Alice Cooper fue esquivo a partir de la década del ochenta. También el logro artístico.
Por todo ello, sorprende que Brutal Planet de 2000 sea tan sólido y uno de los mejores discos solistas de Cooper, si no el mejor.
Curiosamente, en este caso, la actualización constante jugó a favor.
Quizás el formato de la época le convino; su discípulo Manson se había impuesto y los sonidos metálicos industriales de Nine Inch Nails y Korn se adecuaban a lo siniestro y espectacular. La imaginería del planeta brutal -cuyo horror se parece más al de los noticieros de la CNN y el futurismo pesimista al estilo Mad Max que a las viejas fantasías góticas de Cooper- se adecua a su vez a ese formato. Lo cierto es que el disco refuerza las virtudes de Cooper como cantante, compositor y letrista y elude sus defectos (ciertos excesos all american dignos de Broadway y cierto empecinamiento en el cine de terror clase Z). Por supuesto, no existe ninguna sutileza, a todo se le llama por su nombre y se puede echar de menos el humor. Sea como fuere, hay un tono de relativa seriedad (hasta donde eso es posible en el payaso que íntimamente es Cooper) y, más precisamente, de sobriedad, que beneficia a la propuesta.
De todas maneras, no todo puede atribuirse a una afortunada combinación de artista y estilo de época. Eso no alcanza para explicar la contundencia y la calidad evidentes. Tal vez la sinceridad de Cooper jugó un papel importante. El artista suele declarar en los reportajes que sólo teme a dos cosas: a la realidad y al demonio. En esta obra esos terrores se amalgaman a la perfección y le dan la credilidad necesaria.
No dejemos de lado los aportes del productor Bob Marlette, coautor de los temas y hacedor de un sonido limpio, intenso, denso y, aunque no lo parezca pues tiene cierto aire de simplicidad, elaborado.
Un disco muy recomendable, de uno de los pocos artistas de la vieja guardia del rock que aun logra obras comparables a las de su juventud gloriosa. Su personaje -que no envejece- se lo posibilita. También su relativa falta de pretensiones.
Larga vida a Alice Cooper.


Gimme

4.5.08

STORMBRINGER - Deep Purple


Hay sucesivas bandas cobijadas bajo el título "Deep Purple" -todas similares y diferentes. Ésta, con David Coverdale y Glenn Hughes, podría haberse llamado, al menos en este disco, "Deep Purple interpreta soul". Así habría ofendido menos -o más, quién sabe- a los seguidores de las anteriores bandas llamadas "Deep Purple". Casi no hay hard rock aquí, o lo hay solamente como entonación dentro de otro género. Excepción hecha del tema que titula el álbum -tan pesado y memorable como cualquiera de la historia de esta banda que es muchas -, y de Lady Double Dealer, que está bien pero no es memorable.

El resto, soul, R&B, emitidos a la manera negra por Coverdale o Hughes, y la banda sonando apenas como un eco de su encarnación anterior. Pero sonando bien de todos modos. Hay que decirlo: odiado y vituperado, este disco sin embargo merece, si no plena admiración, al menos respeto. Es placentero de principio a fin, y tiene swing. No es pesado pero no tenía por qué serlo: llamarse "Deep Purple" no obliga a metálicas pesadeces sino a calidad musical. ¿La calidad musical, entonces? No excelente, pero muy aceptable y en varios momentos, buena.

En este blog hallamos que este disco es preferible al posterior Come taste the band -de otra banda llamada "Deep Purple"-, contrariamente a lo que dice cierta crítica que es mayoritaria.


Stormbringer

17.3.08

LOW - David Bowie


A pesar de que su "compatriota" Heroes suele -o solía; la tendencia parece revertirse en estos tiempos- tener mejor fama, éste es el disco que se destaca en la -ya saben ustedes- "trilogía de Berlín".
Es más fresco y tiene más sentido.
Además fue el primero -no es poco mérito.
Y las canciones son mejores. (Se dirá que no hay un tema fuerte como "Héroes" del próximo disco, pero la verdad es que jamás entendimos el reconocimiento de "Héroes"; es una melodía y un arreglo que nos resulta más bien escolar y que no termina nunca. Perdón).
No abundaremos en lo que se puede saber a través de otros sitios más informativos que éste. Berlín, Brian Eno, Krautrock, Iggy Pop, 1977, etc. Busquen en Google, no sean dependientes.
Pero escuchen Low antes que Heroes. Y, ya que estamos, denle una chance a Lodger, el último y nada malo -digan lo que digan- de la "trilogía". (En este blog escuchamos más Lodger que Low, pero Low es mejor).
No tenemos ganas de decir más.
Excepto que uno a veces se siente muy solo.



Be my wife

28.9.07

HOT RATS - Frank Zappa



No hay caso; en este blog intentamos contrastar, salirnos de la tradición crítica, tener una mirada fresca, pero cada mirada es tan distinta que inclusive puede convertir la nuestra en una suerte de tradición. Me explico: como siempre, y debido a la fecha de su publicación -es decir por una cuestión generacional- no había escuchado hasta hace poco este viejo disco; y eso me parecía una ventaja: así mi escucha estaría libre de "contaminaciones" históricas. Pero comprendo que esa creencia es sumamente ingenua; la historia nunca se detiene, es de lo que estamos hechos, y mi propia escucha es parte de ella. Quiero decir que generaciones más jóvenes me han sorprendido con su opinión sobre la música contenida en este (excelente) Hot rats. Sé que no he descubierto la pólvora; a todos nos pasa; vienen los jóvenes y dicen barbaridades. ¡Y nos irritan!
Tiempo atrás, usé una pista de este disco -Peaches en regalia, nada menos- como disparador para un ejercicio literario en mi taller. Mi elección se había basado en la íntima -y finalmente torpe- convicción de que cualquiera apreciaría la riqueza maravillosa que yo había encontrado ahí. Esa multiplicidad sorprendente de instrumentos, que le daba un colorido espectacular, el dinamismo, la unidad de melodía, armonía y ritmo, en fin... Suponía que dispararía algo bien interesante en los talleristas.
Y algo disparó. ¡Referencias a la música de las series de televisión de los años setenta, como La mujer maravilla y Starsky & Hutch! Me harta el revivalismo setentero, me parece casi nada más que una moda al servicio de la falta de ideas actual, y a esta altura un recurso demasiado previsible y fácil. Bueno, de todos modos los textos producidos fueron válidos, no me quejo de eso. Pero me asombró la asociación tan natural entre esa alta pieza musical y la musiqueta de la tele...
No, no notaron los bellos tonos instrumentales. No creyeron encontrarse ante un gran florecimiento feliz, que acontece muy pocas veces en el mundo. Sin embargo, en cierto modo tenían razón. Me sacaron de mi línea de escucha y ahora no puedo escuchar Peaches en regalia sin pensar, en algún rincón de la mente, en Linda Carter dando vueltas sobre sí misma. Y en verdad, eso podría no estar tan lejos de las intenciones de Zappa.
Porque sin duda que en esa pieza en particular está la televisión; no porque sea música incidental ni un tema que apele al mínimo común denominador del público, pero está ahí la televisión como compañía fantasmagórica de la soledad cotidiana, como espectáculo que no cesa y como símbolo de la vida estadounidense (a la que, concientemente o no, aspiramos desde hace décadas todos los pueblos del mundo, para bien o para peor). Por eso Peaches en regalia es importante.

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Ah, ¿el resto del disco? Excelente, uno de los mejores de Zappa y de esa corriente a la que se le llamó en algún momento jazz-rock. Tienen que escucharlo ahora mismo, y en esto no discrepo con ningún crítico tradicional. Tienen que escucharlo, insisto. Ahí está lo que aún vale de los años setenta porque sigue vigente; ahí está todavía nuestra historia, la que continúa, la que no terminó a pesar de Fukuyama, la que quién sabe a dónde nos llevará.
En serio, tienen que escucharlo.
Aunque sólo sea por Peaches en regalia. (Pero por favor no se amilanen ante el aparentemente infinito solo de guitarra de Willie the pimp. Ni ante los de guitarra y violín de The Gumbo Variations. Todo aquí es largo, pero es que debe ser largo, no puede ser de otra manera. Escúchenlo y después me cuentan).
(Y así mi escucha se irá contaminando y enriqueciendo con la de otros, porque es imposible que sea de otra manera). (Lo he aceptado). (Se aprende a los golpes).


Peaches en regalia

24.1.07

LONDON CALLING - The Clash


En la mayoría de las reseñas de este blog, la historia personal del comentarista está muy lejos de la historia del disco comentado; es decir, no tengo recuerdo personal de las circunstancias que rodearon la publicación del disco, y por lo tanto mantengo una distancia quizá favorable a una valoración más fresca de la obra en cuestión, sin los prejuicios y los juicios que se le han ido adhiriendo como mejillones a una roca en el mar... He notado que demasiado a menudo se repite una idea sobre un disco sin que ésta se cuestione desde otra perspectiva. Bueno, algo por el estilo se pretende aquí; discutir desde una mentalidad abierta, abierta a la percepción y no condicionada por la historia, que a fin de cuentas el tiempo borrará... La música puede perdurar; las anécdotas sobre la musica, es deseable que se pierdan, a la larga. Quiero apurar un poco la labor del tiempo.
Bueno, la perorata viene al caso porque estoy ante un caso distinto; tengo memoria personal de este disco: yo estaba en Londres el día en que salió a la venta y probablemente fui uno de los primeros compradores (también de "End of the century" de los Ramones y de "Get happy!" de Elvis Costello).
El cambio era notorio. Desde la carátula hasta la tipografía hasta el estilo de los títulos de las canciones hasta, bueno, el simple hecho de que se tratara de un álbum doble. Parecía un trabajo apurado y barato, a decir verdad... Desconfié.
Y aquí salto hacia la historia "colectiva"... o al menos mediática (¿pueden diferenciarse hoy en día?)... Quien lea una reseña sobre "London Calling" encontrará, en un coqueto y poco imaginativo primer lugar, la referencia a que la revista Rolling Stone lo consideró el mejor disco de los años ochenta... pese a que se publicó a fines de 1979, bla, bla, bla... Me pregunto desde cuándo esa revista es una guía crítica válida; pero dejemos eso de lado. El punto a discutir es el prestigio que acompaña al disco: el de ser uno de los mejores de la historia del rock.
Con los años lo he amado. Hoy lo amo como a un viejo amigo empeñoso, sincero y confiable, que siempre ha estado ahí, con sus pasiones y su espíritu abierto... Pero la verdad es que, pese a la excelente producción de Guy Stevens (o de Bill Price, en esto hay anécdotas varias, pero no importa, lo que importa es la calidad notable de la producción, ésta sí quizá la mejor que he escuchado en un disco de rock -aunque he escuchado algunas que se le acercan, como la de Ed Stasium y Tom Erdelyi para "Road to ruin" de los Ramones y la -disculpen ustedes, pero así es la vida- la de Eddie Offord para "Fragile" de Yes), pese a la estupenda producción, clara, aireada, precisa y potente, y pese a un puñado de inmejorables canciones, no sé si "London Calling" merece la corona que han puesto sobre su humana cabeza.
Digan lo que digan, me parece que hay mejores melodías en el anterior y desdeñado "Give´em enough rope", aunque la producción fuera demasiado plana y ruidosa, aunque no existiera variedad... en fin. Fue mi impresión cuando escuché mi recién comprado "London Calling" en aquellos idos tiempos...
Sí, sí, yo entiendo: hay una sorprendente y eficaz variedad, cómo no. Muchos estilos diferentes, cómo no. Y una superación de antiguas limitaciones musicales (sobre todo en el bajista Paul Simonon, que aquí realmente se destaca). Es un disco grandioso (bah, dos discos en un mismo sobre), lleno de vida y deseo de lucha. Casi heroico, cómo no.
No le niego nada pero aún así, escuchémoslo sin el mote (casi apellido) de "el-mejor-disco-de-la historia-etc-etc-".
Es que se escucha mejor así. De veras.
¿Para qué necesitamos que sea el mejor? Ni siquiera es indiscutible como el mejor de la banda... (¿"Sandinista" quizás?)
Eso sí: es excelente, y podría haberse grabado en la mañana de hoy (excepto porque hoy en día no se hacen cosas tan buenas...).

Y por otra parte, no sé si existen los mejores discos de la historia. Al menos pensémoslo un poco antes de repetirlo como acólitos.

Volviendo a "London Calling", todavía no me decido. Es entusiasmante, fresco, intenso y disfrutable de principio a fin y contiene dos de mis canciones favoritas, "Brand New Cadillac" y "Train in vain". Así que...


Working for the clampdown