
Considero que los lectores de este blog son lo suficientemente cultos (o frívolos...) como para saber en qué circunstancias se grabó este disco: el "fin de semana perdido" de Lennon, la separación con Yoko, las borracheras con los amigotes rockeros... Nada de eso importaría si ese clima un tanto lagañoso, denso, incierto, desencantado no se trasladara al disco. Y así es.
La música dista de resultar memorable, con un par de excepciones: la enérgica y juguetona "Whatever gets you thru the night" y la somnolienta "Dream nº 9". Esos temas muestran a la claras de qué era capaz Lennon cuando se lo permitía; porque la mayor parte de su tiempo como solista estuvo a merced de sus impulsos autodestructivos. Y aquí se nota (aunque menos que en el anterior Mind games y mucho menos que en el espantosa y estúpidamente suicida Some time in New York City).
Las canciones -excepto los casos mencionados- parecen más artesanales que artísticas, como si el autor hubiese recurrido a su oficio más que a su inspiración y hubiera intentado llenar así el espacio de un disco. Y aunque nunca llega a sonar insincero -sino más bien desesperado, desorientado y desesperanzado-, la verdad es que cansa al poco rato. Es posible que un mérito de la obra sea hacer sentir al oyente una decepción vagamente parecida a la que sentía Lennon en el momento. Vagamente parecida, y por eso fracasa. Por eso, y porque Lennon no puso toda su mente en ésto. Estaría pensando en otra cosa. En Yoko Ono, probablemente.
Whatever gets you thru the night